La rutina, el día a día y el tener que hacer algo para vivir y subsistir hacen que pasen muchos días, semanas, incluso meses en los que se me olvida quien soy y de donde vengo, cual ha sido el camino recorrido, lo que que dejado, lo que he aprendido, para estar donde estoy hoy, haciendo lo que hago y viviendo, pues, como lo hago ahora. Pero hay momentos en los que necesariamente uno hace un alto y hay cosas que te hacen pensar y regresar a momentos, puntos claves del pasado, de lo querido, vivido, recordado, añorado.
Últimamente ese stop lo logro viendo películas, que probablemente para algunos es simplemente una película más, buena, mala o regular y listo, pero para mi han significado reflexión, lágrimas, orgullo, dolor, alegría y mucha nostalgia. He visto las dos películas que tiene Edgar Ramirez en este momento en cartelera, una es Point Break, donde su papel es ser un alma libre que cree está determinada a hacer cosas para regresarle a la tierra un poco de todo lo que hemos robado de ella, es venezolano, caraqueño y la penúltima escena está filmada en el Salto Ángel y habla español. La otra película es Joy, donde nuevamente es venezolano, sexy, y habla español con su acento caraqueño. En la primera película sentí orgullo y nostalgia, la segunda me llevó a mis mañanas, mis noches, mis llegadas y salidas de mi casa, donde le pedía la bendición a mi mamá y ella me la daba, eso es tan de venezolano, tan bonita esa costumbre.
Hay recuerdos que siguen llevándome a esa Venezuela hermosa que algún día me planteó tantos retos, que me enamoró con su gente, sus paisajes y su gastronomía, que me regaló muchos amaneceres bonitos llenos de familia y amigos entrañables, lamentablemente esa no es la Venezuela de la que me fui... pero en fin, es bueno tener esos pedacitos de tierra que caen como paracaídas en los momentos menos esperados de la vida.
Últimamente ese stop lo logro viendo películas, que probablemente para algunos es simplemente una película más, buena, mala o regular y listo, pero para mi han significado reflexión, lágrimas, orgullo, dolor, alegría y mucha nostalgia. He visto las dos películas que tiene Edgar Ramirez en este momento en cartelera, una es Point Break, donde su papel es ser un alma libre que cree está determinada a hacer cosas para regresarle a la tierra un poco de todo lo que hemos robado de ella, es venezolano, caraqueño y la penúltima escena está filmada en el Salto Ángel y habla español. La otra película es Joy, donde nuevamente es venezolano, sexy, y habla español con su acento caraqueño. En la primera película sentí orgullo y nostalgia, la segunda me llevó a mis mañanas, mis noches, mis llegadas y salidas de mi casa, donde le pedía la bendición a mi mamá y ella me la daba, eso es tan de venezolano, tan bonita esa costumbre.
Hay recuerdos que siguen llevándome a esa Venezuela hermosa que algún día me planteó tantos retos, que me enamoró con su gente, sus paisajes y su gastronomía, que me regaló muchos amaneceres bonitos llenos de familia y amigos entrañables, lamentablemente esa no es la Venezuela de la que me fui... pero en fin, es bueno tener esos pedacitos de tierra que caen como paracaídas en los momentos menos esperados de la vida.
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