Solo sé que llevo semanas queriendo escribir, solo que no había precisado sobre qué ni mucho menos cómo organizar la cosa, así que aquí voy:
El día que me enteré que finalmente lo que se estaba planeando a gritos en mi cerebro ya tenía fecha, estaba en casa de una amiga, echando cuentos de escarchas, tintes, planchas y chismeando sobre la vida de todos, desde ese día no he dejado de llorar, por cosas tristes, super alegres y por miedos e inseguridades, en fin, por llorona, descubrí que es mi superpoder y no temo que lo sepan, es mi debilidad y fortaleza.
Fueron tres meses de preparar, arreglar, botar, regalar, ordenar, vender... pero sobretodo de despedir (y de llorar) a las personas que quiero, que me formaron, que me regalaron sonrisas, momentos, personas que amo y respeto con locura y que ahora extraño en proporciones raras y sin precedentes. Extraño a mis gatos (a toooodos los gatos que cuidaba y que me cuidaban a mi)
Y ya son casi 3 meses que tengo acá, en mi nuevo hogar, en mi nueva vida. Muchas son las cosas distintas, muchas también son las similitudes. No sé si la decisión de venir exactamente a este país tiene algo que ver con que parte importante de mis amigos entrañables que algún día despedí allá ya estaban acá, eso me ha salvado "la patria" (la única que tengo) enormemente.
Quiero que quede claro que estoy feliz, que acá me encuentro super bien, que la aventura es maravillosa, que conocer gente nueva y sitios diferentes me entretienen, que tener estaciones, ver los colores del otoño (finalmente) me sube el ánimo y aunque tenga una pelea diaria con el frío y las capas de ropa y los dedos entumecidos me encanta. No puedo tener mejor compañero, el equipo "Pedro y Susana" funciona de mil maravillas, con excelente comunicación y amor. Soy feliz, me gusta acá y me gusta la tranquilidad y estabilidad que me da vivir acá.
Igual no puedo dejar de llorar por cada foto de cada evento en el que me gustaría tanto estar y no estoy, por cada abrazo que deseo dar a las personas que quiero y que la distancia no me deja, por las sonrisas, los dientes caídos, las locuras y ocurrencias, los huesos rotos, las noviecitas y noviecitos de mis sobrinos que no podré presenciar en vivo, por las bandas venezolanas que solía escuchar (mi groupismo nivel profesional) y por todas esas personas y acciones del día a día que dejan de suceder de manera constante en mi vida.
Es así como me he convertido en llorona profesional, sin restricción de horarios. Es algo con lo que estoy aprendiendo a vivir, al final toda decisión de este tipo tiene grandes consecuencias de ambos lados, y al final siempre, siempre termina en ganancia.
El día que me enteré que finalmente lo que se estaba planeando a gritos en mi cerebro ya tenía fecha, estaba en casa de una amiga, echando cuentos de escarchas, tintes, planchas y chismeando sobre la vida de todos, desde ese día no he dejado de llorar, por cosas tristes, super alegres y por miedos e inseguridades, en fin, por llorona, descubrí que es mi superpoder y no temo que lo sepan, es mi debilidad y fortaleza.
Fueron tres meses de preparar, arreglar, botar, regalar, ordenar, vender... pero sobretodo de despedir (y de llorar) a las personas que quiero, que me formaron, que me regalaron sonrisas, momentos, personas que amo y respeto con locura y que ahora extraño en proporciones raras y sin precedentes. Extraño a mis gatos (a toooodos los gatos que cuidaba y que me cuidaban a mi)
Y ya son casi 3 meses que tengo acá, en mi nuevo hogar, en mi nueva vida. Muchas son las cosas distintas, muchas también son las similitudes. No sé si la decisión de venir exactamente a este país tiene algo que ver con que parte importante de mis amigos entrañables que algún día despedí allá ya estaban acá, eso me ha salvado "la patria" (la única que tengo) enormemente.
Quiero que quede claro que estoy feliz, que acá me encuentro super bien, que la aventura es maravillosa, que conocer gente nueva y sitios diferentes me entretienen, que tener estaciones, ver los colores del otoño (finalmente) me sube el ánimo y aunque tenga una pelea diaria con el frío y las capas de ropa y los dedos entumecidos me encanta. No puedo tener mejor compañero, el equipo "Pedro y Susana" funciona de mil maravillas, con excelente comunicación y amor. Soy feliz, me gusta acá y me gusta la tranquilidad y estabilidad que me da vivir acá.
Igual no puedo dejar de llorar por cada foto de cada evento en el que me gustaría tanto estar y no estoy, por cada abrazo que deseo dar a las personas que quiero y que la distancia no me deja, por las sonrisas, los dientes caídos, las locuras y ocurrencias, los huesos rotos, las noviecitas y noviecitos de mis sobrinos que no podré presenciar en vivo, por las bandas venezolanas que solía escuchar (mi groupismo nivel profesional) y por todas esas personas y acciones del día a día que dejan de suceder de manera constante en mi vida.
Es así como me he convertido en llorona profesional, sin restricción de horarios. Es algo con lo que estoy aprendiendo a vivir, al final toda decisión de este tipo tiene grandes consecuencias de ambos lados, y al final siempre, siempre termina en ganancia.
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