El título de esta entrada se debe a que estas últimas semanas han sido de película, he sonreído más veces de lo que puedo recordar, creo que finalmente, después de todo, después de tanto esperar sentada en el banquito me tocó el "turno al bate" con un caballero, que aunque tiene poca edad, se ha sabido comportar a la altura de la situación y mi locura y me hace volar al nivel de las nubes.
Yo no sé si es cuestión de esperar, de sentir, de construir, de acomodar o qué, pero en esta extraña, cómica, dulce, tierna y alocada relación cada pieza encaja a la perfección, nada falta, nada sobra, genial ¿no?
Con este señorito me reinvento todos los días, conozco una parte de mi que desconocía o creía olvidada, una de esas partes que había decidido en algún momento encarcelar porque simplemente no había cabida para ella en mi realidad; debo confesar que me desconozco y me estoy redescubriendo con el y eso lejos de asustarme, me causa asombro y alegría, puedo ver las cosas de otra perspectiva y uff, ¡qué sabroso es eso!.
Este caballero de los mil nombres y las mil historias (que inventamos y seguimos) es un apoyo emocional en mi vida, me complementa, me acompaña, me hace sentir, vibrar, sonreír pensar, imaginar, crear y querer ser siempre mejor. Es un hombre creativo, divertido, educado, inteligente, que me permite ser quien soy y jugar a todos esos roles que hay en mi, como la canción de "I'm a bitch" de Alanis Morissette y el me sigue la corriente, le divierte, no me limita ni intenta cambiar quien sea que soy, me acepta y no intenta poseerme, la verdad es que creo que no hay nada mejor que eso.
Yo no sé que tan felices son las lombrices y cómo se sabe si están felices o no, pero yo solo puedo decir que mi sonrisa es más grande que la de Steven Taylor o la de Julia Roberts y ahora, después de tanto, vuelvo a creer y pinto corazones, dedico canciones, escribo notas y regalo sonrisas y miradas pícaras...
Buenas noches, sobretodo para ti, J. V. P. B. ;)
Yo no sé si es cuestión de esperar, de sentir, de construir, de acomodar o qué, pero en esta extraña, cómica, dulce, tierna y alocada relación cada pieza encaja a la perfección, nada falta, nada sobra, genial ¿no?
Con este señorito me reinvento todos los días, conozco una parte de mi que desconocía o creía olvidada, una de esas partes que había decidido en algún momento encarcelar porque simplemente no había cabida para ella en mi realidad; debo confesar que me desconozco y me estoy redescubriendo con el y eso lejos de asustarme, me causa asombro y alegría, puedo ver las cosas de otra perspectiva y uff, ¡qué sabroso es eso!.
Este caballero de los mil nombres y las mil historias (que inventamos y seguimos) es un apoyo emocional en mi vida, me complementa, me acompaña, me hace sentir, vibrar, sonreír pensar, imaginar, crear y querer ser siempre mejor. Es un hombre creativo, divertido, educado, inteligente, que me permite ser quien soy y jugar a todos esos roles que hay en mi, como la canción de "I'm a bitch" de Alanis Morissette y el me sigue la corriente, le divierte, no me limita ni intenta cambiar quien sea que soy, me acepta y no intenta poseerme, la verdad es que creo que no hay nada mejor que eso.
Yo no sé que tan felices son las lombrices y cómo se sabe si están felices o no, pero yo solo puedo decir que mi sonrisa es más grande que la de Steven Taylor o la de Julia Roberts y ahora, después de tanto, vuelvo a creer y pinto corazones, dedico canciones, escribo notas y regalo sonrisas y miradas pícaras...
Buenas noches, sobretodo para ti, J. V. P. B. ;)
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